Ejemplos de Fábulas

Fábula, breve composición literaria en verso o prosa, cuyos personajes son en general animales u objetos inanimados. En su forma tradicional, apunta a demostrar una verdad moral que, a modo de advertencia o consejo, se sintetiza al final de la narración en una moraleja.

Ejemplos de Fábulas

La cabra y el zorro
Durante más de una hora el zorro había estado tratando de escapar del fondo del pozo. El agua estaba baja y el estúpido animal, al inclinarse para beber había caído ahí de cabeza. Y aunque solo estaba parado en unos cuantos centímetros de agua, el pozo era demasiado profundo para escalarlo de un salto.
Mientras descansaba un instante de sus esfuerzos por huir, el desesperado animal vio asomar por el borde del pozo la cabeza de una cabra, que miraba con curiosidad.
– ¿Está fresca el agua? – preguntó la cabra
Adivinando que su visitante no comprendía lo sucedido, el zorro decidió aprovechar esta oportunidad  para escapar.
– ¡Maravillosamente fresca! ¡Salta aquí abajo y bébela tú misma! – fue su cordial respuesta.
La cabra estaba sedienta después de retozar bajo el cálido sol de verano. Y, sin pensarlo más, saltó al pozo. Entonces el zorro, veloz como un pájaro, saltó sobre su lomo y trepó hasta salir de su cárcel.
La tonta cabra comprendió muy pronto que estaba prisionera y suplicó lastimeramente al zorro que la sacara de allí. Pero este se limitó a reírse de su benefactora.
– ¡mira lo que haces antes de saltar! – se limitó a decir.
Y muy satisfecho de sí mismo, se internó el bosque dando saltos de alegría.

El lobo y el perro del granjero
La campiña relucía en el nevado crepúsculo mientras el flaco lobo se arrastraba por la silenciosa alfombra que cubría el patio de la granja. Cómodamente acurrucado en su tibia covacha, el perro del granjero observaba con interés su merodeo en busca de cena.
– ¡Hola! – dijo, finalmente, cuando el lobo se acercó a husmear demasiado cerca del gallinero.
– ¿Por qué tienes ese aspecto tan gordo y próspero? – Preguntó el lobo, acercándose lentamente a la covacha – ¿De qué vives?
– ¡Oh! Ahuyento a los ladrones – respondió el perro, dándose importancia – Y, también voy de caza con mi amo y cuido de sus hijos.
– Pero yo podría hacer todas esas cosas – replicó el hambriento lobo.
– ¡Seguro!, apuesto que podrías – respondió el perro con aire negligente.
Entonces el lobo notó una marca alrededor el cuello del can, en un lugar donde se veía sin pelo, casi hasta sin piel.
– ¿Qué demonios es eso? – preguntó el lobo frunciendo el ceño.
– ¡Oh!  ¿Eso? Dijo el perro, con despreocupación – Es el sitio donde me roza el collar cuando me encadenan porque debo estar encadenado casi todo el día y toda la noche y si hago algo mal mi amo me azota hasta el cansansio.
– Entonces – dijo el lobo categóricamente – puedes guardar tu sustancioso empleo y todas tus comodidades. Prefiero tener hambre y hacer lo que me plazca todos los días a ser un esclavo bien alimentado.

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