Ejemplos de epístola

Epístola, carta formal e instructiva, generalmente destinada a la publicación y escrita en verso. Su contenido es diverso y aborda temas filosóficos o morales, como las Epístolas de Horacio, o temas sentimentales y románticos, como las Heroidas de Ovidio. La forma epistolar era frecuente entre los antiguos babilonios, asirios, egipcios, griegos y romanos. Los filósofos griegos Aristóteles y Epicuro cultivaron el género con maestría. Veintiuno de los libros que forman el Nuevo Testamento son epístolas escritas por los apóstoles y dirigidas a los miembros de la iglesia.

Ejemplos de epístola

Fragmento de CARTAS A MILENA (Franz Kafka)
Merano-Untermais, Pensión Ottoburg
Estimada Frau Mílena:
Le escribí unas líneas desde Praga y luego desde Merano. No ha habido respuesta. Por supuesto, esas líneas no exigían contestación inmediata y si su silencio no es más que señal de una relativa bienaventuranza -lo cual con frecuencia se traduce en una cierta resistencia a escribir- me doy por satisfecho. Pero también existe la posibilidad -y por eso le escribo- de que en mis líneas la haya herido de alguna manera. ¡Qué torpe sería mi mano, contra toda mi voluntad, si ése fuera el caso! O bien -y eso sería mucho peor por cierto- que ese momento de sereno respiro, al cual usted aludía, haya pasado y una vez más se inicie una mala época para usted.

            Acerca de la primera posibilidad no sé qué decir. ¡Es algo tan ajeno a mí y lo demás me toca tan de cerca! Respecto a la segunda posibilidad no le brindaré consejos -¿cómo podría aconsejarla yo?-; me limitaré a formularle una pregunta: ¿Por qué no abandona Viena por un tiempo? ¿Usted no carece de asilo como otra gente? ¿No extraería nuevas fuerzas de una estadía en Bohemia? Y, si por razones que yo desconozco, no quisiera visitar Bohemia, podría viajar a algún otro lugar. Quizás incluso Merano sea conveniente. ¿Lo conoce?

            De modo que espero dos cosas. La continuación de su silencio, lo cual significa: “No hay razón para preocuparse, me va bastante bien.” O bien unas pocas líneas.

Afectuosamente Kafka
He advertido, de pronto, que en realidad no recuerdo su rostro en detalle. Sólo creo ver aún su figura, su vestido, mientras usted se alejaba entre las mesas del café.

Estimada Frau Mílena:
Usted se afana por la traducción en medio de ese sombrío mundo vienés. De alguna manera, eso me conmueve y me avergüenza. Supongo que ya ha recibido una carta de Wolff  por lo menos, ya hace algún tiempo que él me escribió mencionándome esa carta. La novela corta Asesino, que según dicen aparece anunciada en un catálogo, no me pertenece. Es un error. Pero como, al parecer, es la mejor, quizá no se trate de un error, después de todo.

            De acuerdo con su última y penúltima carta, el desasosiego y la preocupación parecerían haberla abandonado en forma definitiva. Sin duda eso también alcanza a su marido. ¡No sabe hasta qué punto se lo deseo a ambos! Recuerdo una tarde de domingo hace años: yo me arrastraba por el Franzensquai, asiéndome de las paredes, cuando me crucé con su marido, quien marchaba en condiciones no mucho más brillantes: dos expertos en dolores de cabeza, aunque cada uno a su manera. No recuerdo ya si continuamos la marcha juntos o si cada cual siguió su rumbo. La diferencia entre ambas posibilidades no habría sido muy grande. Pero eso ya pasó y debe permanecer hundido en el pasado. ¿Lo pasa bien en su casa?

Afectuosos saludos
Suyo, Kafka 

Merano-Untermais Pensión Ottoburg
Estimada Frau Mílena:

Acaba de cesar una lluvia que se prolongó por espacio de dos días y una noche. Es probable que sólo se haya detenido por un rato, pero de todas maneras es un acontecimiento digno de ser celebrado. Y eso es lo que estoy haciendo al escribirle. Sin embargo, hasta la lluvia era soportable, porque aquí uno está en el extranjero, extranjero sólo en cierta medida, pero con todo hace bien al corazón. Si mi impresión fue correcta (un pequeño encuentro aislado, semimudo, parecería ser inagotable en el recuerdo), usted también disfrutaba de la sensación de ser extranjera en Viena, aunque más tarde las circunstancias generales hayan ensombrecido ese placer. Pero ¿no disfrutó usted de lo desconocido como tal? (Cosa que, dicho sea de paso, puede ser un mal síntoma, un síntoma que no debería presentarse.)

            Yo lo paso bastante bien aquí. Difícilmente pueda el cuerpo mortal soportar más cuidados. El balcón de mi pieza está inmerso en un jardín rodeado, desbordado de arbustos en flor (la vegetación es muy curiosa aquí: con una temperatura que en Praga casi congelaría los charcos, ante mi balcón comienzan a abrirse las flores) y expuesto por completo al sol (mejor dicho, a un cielo densamente nublado, desde hace casi una semana). Me visitan lagartijas y pájaros, parejas desparejas. ¡Me gustaría tanto que viniera a Merano! Hace poco me hablaba usted, en una carta, de atmósfera irrespirable. La imagen y el sentido están muy próximos en ese caso y ambos podrían mejorar un poco aquí.

Con los más afectuosos saludos
Suyo, F. Kafka

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  1. Oscar, comentó hace 2 años:

    Esta muy bien, gracias.

  2. Oscar, comentó hace 1 año:

    Me sirvió 🙂 GRACIASSSSSSS!!!!!!!