Ejemplos de descripción topográfica

La descripción topográfica o simplemente topografía es una figura retórica que consiste en describir un lugar de una manera poética.

Ejemplos de descripción topográfica

Fragmento de EL EXPULSADO (Samuel Beckett)
Atravesé la calle y me volví hacia la casa que acababa de expulsarme, yo, que nunca me volvía, al marcharme. ¡Qué bonita era! Geranios en las ventanas. Me he inclinado sobre los geranios, durante años. Los geranios, qué astutos, pero acabé haciéndoles lo que me apetecía. La puerta de esta casa, aúpa sobre su minúscula escalinata, siempre la he admirado, con todas mis fuerzas. ¿Cómo describirla? Espesa, pintada de verde, y en verano se la vestía con una especie de funda a rayas verdes y blancas con un agujero por donde salía una potente aldaba de hierro forjado y una grieta que corresponde a la boca del buzón que una placa de cuero automático protegía del polvo, los insectos, las oropéndolas. Ya está. Flanqueada por dos pilastras del mismo color, en la de la derecha se incrusta el timbre. Las cortinas respiraban un gusto impecable. Incluso el humo que se elevaba de uno de los tubos de la chimenea, el de la cocina, parecía estirarse y disiparse en el aire con una melancolía especial, y más azul. Miré al tercero y último piso, mi ventana, impúdicamente abierta.

Fragmento de EL HUESPED (Albert Camus)
Llegaron a una especie de eminencia achatada formada por rocas friables. A partir de allí, la meseta descendía, al este, hacia una llanura baja donde se podían distinguir algunos árboles medio secos y, al sur, hacia unos montones de rocas que daban al paisaje un aspecto atormentado.

Fragmento de EL PANTANO DE LA LUNA (H.P. Lovecraft)
La fuente de todos los problemas era la ciénaga, según me contó Barry la noche de mi llegada al castillo. Alcancé Kilderry en el ocaso veraniego, mientras el oro de los cielos iluminaba el verde de las colinas y arboledas y el azul de la ciénaga, donde, sobre un lejano islote, unas extrañas ruinas antiguas resplandecían de forma espectral. El crepúsculo resultaba verdaderamente grato, pero los campesinos de Ballylough me habían puesto en guardia y decía que Kilderry estaba maldita, por lo que casi me estremecí al ver los altos torreones dorados por el resplandor.

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